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martes, 7 de octubre de 2008

FRENAR LA DESPOBLACIÓN EN LA SERRANÍA DE RONDA

José Becerra
Los índices demográficos de los pueblos de la Serranía de Ronda asustan. Las pirámides de edad de todos y cada uno de ellos mantienen constantes idénticas. La base, que recoge los nacimientos y el crecimiento de la población infantil pierde referentes todos los años, y en cambio, la cúspide que habla de la población anciana aumenta implacablemente. Los entrantes de la pirámide que hablan de la población joven, madura y activa acusan la despoblación incesante. Se abandonan los pueblos para residir en la costa que es donde se encuentra más fácilmente trabajo y la tendencia se hace más pronunciada cada vez. Los núcleos rurales se despueblan a ojos vista y de aquí a la postergación definitiva de la Serranía y al abandono de tradicionales de sistemas de vida seculares y recursos económicos tradicionales tienden a desaparecer.
Alternativas a la panorámica incierta de la supervivencia de la Serranía amenazada por la sangría demográfica que asola sus pueblos, existen sin duda. En la principal ha insistido el vicepresidente de la Diputación y antiguo alcalde de Ronda, Juan Fraile: mejora de las comunicaciones con la Costa del Sol. Las ventajas de una vía alternativa a la actual carretera de San Pedro, que en su día supuso un significativo paso para la mejora entre la Ciudad del Tajo y el territorio costasoleño, necesita urgentemente de un nuevo impulso. Pivota éste sobre una nueva vía, la de Ronda- Benahavís que vendría a bajar significativamente los tiempos del transporte de un lugar a otro. Hasta ahora sólo es un proyecto fruto de un estudio de ingeniería pero que Fraile ha cogido por los pelos para catapultarlos allí de donde se espera salgan las partidas susceptibles de plasmar en la realidad lo abocetado en el papel, la Consejería de Obras Públicas, o sea.
La obra no deja de ser compleja y exigiría la construcción de viaductos y túneles, alguno de particular longitud como el que podría atravesar a la Sierra Bermeja. Pero obstáculos más difíciles se han salvado. Y proyectos que parecían productos de la calenturienta imaginación de utopistas o de las ensoñaciones de una noche de verano se contemplaron que adquirían cuerpo y se hacía realidad...

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sábado, 4 de octubre de 2008

SERRANÍA ASOMBROSA: LA SAUCEDA DE CORTES DE LA FRONTERA


JOSÉ BECERRA

Siempre son noticias algunos de los parajes raros de nuestra provincia. Y Lo son por las satisfacciones que pueden depararnos su visita, perdernos en su extensión por senderos imposibles, solazarnos con vistas de paisajes naturales grandiosos, escasamente hollados por el hombre,
No existen muchos bosques en la provincia de Málaga, en buena parte asomada al mar, por lo que se la considera más marinera que montaraz. No faltan, sin embargo, en el interior. Hay bosques espesos que rompen la monotonía de la piedra desnuda o el ocre terrazgo como el de pinsapos, supervivientes milenarios de especies vegetales finiquitadas en Europa; los hay con árboles de porte majestuoso como el de encinares que ponen sombras y recursos nutrientes en lugares condenados, sin su presencia, al erial. Nos son propios el mohedal, el pinar, el robledal o la algaida. Y para que de nada falte, hay bosques encantados, como el de la Sauceda, en Cortes de la Frontera, al sureste, cuando ya se barrunta la proximidad del mal llamado Campo de Gibraltar.
El reducto natural de la Sauceda, en el corazón del Parque Natural de los Alcornocales – el espacio forestal protegido de mayor riqueza de Andalucía – es un mundo mágico e ignorado que oculta rincones de singular belleza. Sede de una variopinta población vegetal y animal fascina, por su rareza, a cuantos tienen la fortuna de descubrirlo.
La Sauceda es uno de los pocos lugares en Andalucía en los que todavía la naturaleza se escribe con mayúscula. El procesado observado en él está en sentido inverso del que se espera en los seres animados: mientras más provecta, más bella se nos muestra. Viste su suelo una alfombra de eternos helechos merced a la alta pluviometría, única en la España húmeda por las lluvias de convección que la Sierra de Grazalema propicia. Sorprendente microclima que hace posible el crecimiento de especies poco frecuentes en el sur del sur como madroños laurosilvas y redrodendos que motean la extensión de las que nos son propias como el chaparro y el quejigal.
Si añadimos a esto una topografía con suaves estribaciones – la que enlaza el litoral gaditano con las sierras del interior malagueño que sin solución de continuidad acunan otro espacio privilegiado: el del Parque Natural de Grazalema – y confluencias de caminos apenas hollado por el hombre, amén de las leyendas sobre bandoleros, huidos de la Justicia o miembros del maquis antifranquista en la posguerra que buscaron en ella seguro refugio, conceden al paisaje una atmósfera misteriosa, casi irreal.
Gracias a la abundante vegetación, el paisaje cambiante de continuo, es digno de pinceles impresionistas. Luces y sombras se descomponen en fantásticas irisaciones y los rayos del sol cuando atraviesa claros de la espesura da pie a un mundo imaginario y cambiante en el que cada momento difiere del anterior. Ganado por este ambiente quimérico al viajero no le extrañaría la aparición de hadas madrinas, gnomos circunspectos o retozones geniecillos vistos y no vistos entre la espesura.
Alcornoques, quejigos y acebuches –desnudos los troncos de los primeros, merced al trabajo de los corcheros (el corcho, primer recurso económico-forestal de la zona cortesana), de majestuoso porte los otros -, apretados entre sí y de anchas copas, propician un escenario fresco, agradable en verano y acogedor en invierno. Completan el conjunto los “canutos”, centenarias formaciones arbóreas, que después de flanquear las riberas ascendieron hasta el monte, permaneciendo tal cual desde épocas arcaicas...

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